Canalización: ¿es tu mente o es tu guía de verdad? · ¿Me lo invento o es mi guía? El cuento del lobo
Si alguna vez canalizas, meditas o simplemente escuchas tu mundo interior, seguramente conoces esta duda: "esto que me llega, ¿me lo estoy inventando… o es guía de verdad?". Es una de las preguntas que más me llegan, y hoy quiero ayudarte a responderla de una forma sencilla y cotidiana. Sin irnos a lo abstracto: con dos experiencias que me pasaron esta misma semana.
La duda no es rara: se llama discernir El problema, casi siempre, no es que no te llegue nada. Es lo contrario: te llega tanto ruido mental que ya no distingues qué voz es cuál. A lo largo del día generamos un montón de pensamientos automáticos, muchos inútiles, y entre todo ese ruido cuesta reconocer lo que de verdad importa. Aprender a separarlo tiene nombre: discernir. Y no es un don reservado a unas pocas personas; es algo que puedes entrenar.
El cuento del lobo, aplicado a tu mente ¿Recuerdas la fábula del pastor que gritaba "¡que viene el lobo!" en falso, una y otra vez? El día que el lobo apareció de verdad, ya nadie le creyó. Con tus pensamientos pasa igual: lanzan tantas falsas alarmas que, cuando por fin habla tu voz de verdad —tu intuición, tu guía—, no la reconoces. O la reconoces… y le restas importancia. Discernir es aprender a notar la diferencia entre el pastor que grita por gritar y el lobo que sí está llegando.
Tus cuatro voces: pensamiento, emoción, intuición y guía Para distinguirlas, ayuda ponerles nombre:
Pensamiento: el relato, el "¿y si…?", el análisis que no para.
Emoción: la carga que tiñe ese pensamiento (el miedo, la prisa, el deseo) y lo hace parecer verdad.
Intuición: un pálpito que llega de golpe, sin razonar, y que luego cuestionas.
Guía consciente: serena y clara. No hay que esperarla ni meditar horas para que aparezca: está activa, coexiste con tu día como la respiración. No tienes que ordenarle a tus pulmones que respiren, y menos mal.
En el vídeo lo ves funcionando en dos escenas reales: un momento de miedo conduciendo (puro pensamiento con emoción debajo) y una corazonada en una sesión de canalización que reconocí y, aun así, dejé pasar.
Qué es de verdad aquietar la mente Aquí deshago un malentendido frecuente: aquietar la mente no es sentarte a dejarla en blanco esperando el silencio perfecto. Es, a lo largo del día, bajar el número de pensamientos inútiles que generas en automático, como un hábito. Cuanto menos ruido, más alto se escucha lo que ya estaba ahí. No porque hable más fuerte, sino porque deja de estar tapado.
Escúchalo también en formato podcast Si prefieres acompañarlo mientras caminas o conduces, tienes este mismo contenido en el episodio de esta semana:
Empieza por reconocer tu vía natural Antes de discernir qué llega, ayuda saber cómo percibes tú, porque no todas las personas reciben igual: a unas les llega como imagen, a otras como sensación en el cuerpo, como un saber claro o como palabras. Para eso preparé una clase gratuita en la que descubres tu vía natural de percibir —seguramente tienes más de una— y desde ahí empiezas a distinguir tu voz del ruido.
Porque discernir no es no equivocarse nunca. Es aprender a fiarte, cada vez más, de lo que ya sabes escuchar. Y cuanto menos grites en falso por dentro, más vas a poder confiar en ti cuando de verdad tengas algo que escuchar.
Y cuéntame en los comentarios: ¿cuál es tu "¡que viene el lobo!" mental más repetido?
Comparto los vídeos, reflexiones y recursos de cada semana también en mi canal de difusión de WhatsApp.
La voz disonante de tu guía: cómo se comunica tu consciencia
Cuando hablo de la "voz" de tu guía, quiero aclarar algo desde el principio: no me refiero a que tengas que oír una voz, como en la clariaudiencia. Eso es solo una de las formas posibles. Cada persona tiene su propia vía para recibir lo que el espíritu le comunica: hay quien lo siente en el cuerpo, quien lo ve en imágenes, quien lo sabe de forma directa, quien lo escucha en palabras y algunas otras. Por eso, antes de preguntarte qué te dice tu guía, conviene reconocer por dónde te habla.
Empieza por reconocer tus vías
Es muy probable que tengas más de una vía activa, y que ni te hayas dado cuenta. Observarlas es el primer punto para consolidar tu canal: si no sabes cómo recibes, es fácil descartar mensajes que llegaban por una puerta que ni mirabas. Por eso creé una clase gratuita: no como un recurso más, sino como ese primer trabajo de observación —reconocer tus formas de dar y recibir— que sostiene todo lo demás.
Pero antes, sigue leyendo: lo que viene merece la pena. Y si al terminar sientes que te resuena, vuelve aquí y retoma la clase.
Mejor "comunicarse" que "hablar"
Te propongo cambiar una palabra: en lugar de hablar, usemos comunicarse. Es más preciso y no queda atrapado en la limitación de lo verbal. Porque la pregunta no es a quién le habla la guía. La guía se comunica con todo el mundo, constantemente. La cuestión no es a quién se dirige, sino quién escucha.
Las formas en que tu guía se comunica
No siempre lo hace igual. Estas son sus formas, de la más honda a la más frágil:
El sentimiento. Es su lenguaje favorito, el lenguaje del alma. Presta atención a lo que sientes de verdad. A veces los sentimientos son difíciles de encontrar y aún más de reconocer, pero en los más profundos se esconde tu verdad más alta. El trabajo está en llegar hasta ahí.
El pensamiento. No es lo mismo que el sentimiento, aunque puedan darse a la vez. Cuando se comunica por el pensamiento, muchas veces lo hace con imágenes, más eficaces que las simples palabras. Y a menudo llega como ideas que no encajan con tu forma habitual de pensar: ocurrencias, genialidades, soluciones creativas o enfoques que tú no estabas buscando. Ese "¿de dónde ha salido esto?" suele ser una buena pista de que no viene solo de tu mente.
La experiencia. Un medio magnífico: la vida te lo muestra viviéndolo, y así llegas a conocerlo de primera mano, no de oídas. Y cuando digo magnífico, quizá debería decir magnificencia, porque la vida nos lleva a una gran variedad de experiencias, vividas en cuerpo, ni buenas ni malas, todas ellas tienen su código que nos acerca a la conexión de nuestro ser.
Las palabras. Y solo cuando las anteriores no bastan, aparecen las palabras. Es el medio menos fiable, porque están sujetas a interpretación y se confunden con facilidad con el ruido mental, interno y externo.
Lo que creemos que es "la Palabra de Dios"
Aquí hay una distorsión que arrastramos casi sin darnos cuenta. Heredamos una idea muy fija de cómo debería comunicarse Dios: con palabras, de forma solemne, grandiosa, como una orden clara que llega de fuera. Y con esa expectativa puesta, filtramos. Descartamos todo lo que no encaja en ese molde: el sentimiento, la imagen, la experiencia, la idea sencilla, lo que llega en tono cotidiano o inesperado. Creemos que recibir es oír, y al creerlo cerramos las demás puertas.
Fíjate en la trampa: la distorsión no está en el mensaje, sino en nuestra creencia sobre cómo tiene que llegar. No es que Dios haya dejado de comunicarse o sea difícil acceder a su lenguaje; es que nuestra idea de cómo suena su voz nos impide reconocerla.
Y ojo, esto no significa que las palabras no valgan. Hay palabras vacías… y hay palabras vivas, llenas de vida y de consciencia, que encajan en el espacio del corazón y unen el Cielo y la Tierra. Esas sí son Palabra de Dios. Un tiempo atrás canalicé precisamente su mensaje, y puedes escucharlo aquí: La Palabra de Dios. Lo que distorsiona, entonces, no son las palabras: es creer que la voz divina solo puede llegarte a través de ellas. Las palabras pueden aspirar a simbolizar lo que sabes, pero muchas veces enturbian lo que ya sabías sin ellas. Y así, sin querer, terminamos rechazando la comunicación real por no parecerse a la que esperábamos.
Cómo discernir de dónde viene
La dificultad está en distinguir los mensajes de tu guía consciente de los que vienen de otras fuentes (la mente y la emoción). Y hay una regla sencilla que orienta: tu pensamiento más elevado, el que trae alegría; tu palabra más clara, la que contiene verdad; y tu sentimiento más grandioso, el que llamamos amor, vienen siempre de tu consciencia, esa misma fuente que habita en ti.
¿Y cómo saber que no es tu imaginación? Porque el mensaje llega exactamente apropiado, y porque nunca, por tu cuenta, te habías hablado con tanta claridad. Esa claridad limpia, que no discute ni se defiende, es una de sus mejores señales.
La verdadera pregunta: ¿de verdad quieres escuchar?
Escuchar de verdad es permanecer en apertura incluso cuando lo que llega no encaja con lo que piensas, sientes o crees en este momento; incluso cuando no lo entiendes del todo. Atiende a los sentimientos, pensamientos y experiencias que difieran de lo que te han contado o has leído, y suelta las palabras cuando sean el vehículo menos fiel a la verdad. No se trata de creerlo todo: se trata de no cerrarse por adelantado.
Por qué aparece "disonante"
Tu guía va a comunicarse de una forma y frecuencia afín que puedas comprender… y a la vez disonante: distinta de tu manera habitual de pensar, sentir o experimentar. Lo hace a propósito, para que notes que eso no eres tú en automático. Busca siempre la forma sencilla con la que encajes y, al mismo tiempo, se hace distinguir.
Y aquí está la clave: tu espíritu parte siempre de donde estás ahora. De tu presente, de lo que piensas, sientes o estás viviendo en este momento. No te habla desde fuera, en un idioma ajeno: toma tu estado de apertura actual y, desde ahí, moldea la forma justa —y disonante— para que te des cuenta. Aunque llegue sutil, casi de puntillas, entre todo el ruido externo e interno que te distrae.
Un ejemplo: si estoy en un estado muy serio con la vida, es posible que mi guía me responda de forma neutra y, a la vez, con una pizca de humor y picardía. Justo por ese contraste me doy cuenta de que no es mi voz mental de siempre, la de los pensamientos inútiles. ¿Ves cómo parte de mi estado y busca la manera de diferenciarse para que la reconozca? Porque tu consciencia está presente las 24 horas: habita en ti y contigo.
Y se presentará en la forma con la que tú conectes, nunca en la que rechazarías —eso sí sería una distorsión de tu guía—. Si tu puerta son los ángeles, puede llegar como una presencia o un tono angelical. Quizá veas, sientas o percibas una figura luminosa; quizá algo que no esperabas, incluso extraterrestre. Puede que no sea lo que imaginabas, y esa espontaneidad es, precisamente, la manera que busca tu consciencia para recordarte que está siempre contigo. Pero siempre será aquella en la que estemos preparados a aceptar.
Por eso, el trabajo no es esperar una señal grandiosa que venga de lejos. Es afinar la atención en tu presente, porque es justo ahí —en lo que ya estás pensando, sintiendo o viviendo— donde tu espíritu va a colar esa nota disonante. Muchas veces será tan sutil que competirá con mil estímulos a la vez; reconocerla es cuestión de práctica y de apertura.
Así que la pregunta que te dejo es esta: ¿te atreves a observar la forma disonante? A no descartar lo que llega raro, distinto o inesperado, y mirarlo dos veces. Porque muchas veces, justo ahí, en lo que no encaja con tu ruido habitual, es donde tu guía te está diciendo aquí estoy.
Y cuéntame en los comentarios: ¿de qué formas sueles reconocer la comunicación de tu guía?
Con amor,
R. 🩵 LasPleyades.es
Rebeca Ferruz es canalizadora, autora de «Las infinitas vidas de Azul» y creadora de Frecuencia ADN Azul. Acompaña procesos de sensibilidad y Canalización Encarnada.
¿Recibes respuestas confusas al canalizar?
Quizá el problema no está en tu canal. Está en la pregunta.
Te sientas a practicar. Respiras. Preguntas. Y recibes… algo. Una sensación, una imagen, tres ideas mezcladas y una puerta que no sabes dónde colocar. Abres los ojos más confundida que antes y llega el pensamiento de siempre: "no se me da bien esto".
Pero hay otra posibilidad que casi nadie te cuenta.
Puede que tu canal no esté fallando. Puede que le hayas hecho una pregunta tan enorme que la respuesta no sepa por dónde aterrizar. Porque no es lo mismo preguntar "¿qué debo hacer con mi vida?" que hacerlo de una forma que tu escucha pueda realmente sostener.
En el vídeo de esta semana te comparto el Encuadre de la Pregunta: una manera muy sencilla de formular lo que preguntas para recibir con mucha más claridad. Verás ejemplos reales de antes y después, los errores más habituales al preguntar (levanto la mano en uno muy mío), y haremos juntos una práctica guiada para reformular, ahí mismo, una pregunta que tengas pendiente.
No te adelanto los tres elementos aquí. Mejor los descubres dentro. 😊
▶️ Ver el vídeo en YouTube
🎧 Escuchar el nuevo episodio. Si te apetece acompañar este contenido mientras caminas, conduces o descansas, también está disponible en formato Podcast, canal: Laspleyades.es👇🏻
Antes incluso de encuadrar la pregunta, ayuda muchísimo saber por dónde te llega la información: si es a través de imágenes, del cuerpo, de palabras o de una certeza interna. Puede que lleves años canalizando sin saberlo.
Lo trabajamos en una clase gratuita de 75 min., con una práctica csencilla y un cuaderno para acompañarla.
Si sientes que esto te resuena y quieres recibir todo lo que voy compartiendo, junto con la información de la formación Canal de Luz, puedes entrar en el espacio aquí: CANAL DE LUZ
Cómo hacer preguntas claras en una práctica de canalización
Por qué recibes respuestas confusas y cómo reformular tus preguntas con el Encuadre de la Pregunta: objeto, momento y función.
Te sientas. Respiras. Formulas tu pregunta. Cierras los ojos.
Y recibes algo.
Una sensación. Una imagen. Una palabra suelta. Tres ideas mezcladas y una puerta que no sabes muy bien dónde colocar.
Abres los ojos… y estás más confundida que antes.
Y entonces llega el pensamiento de siempre: no se me da bien esto, no sé interpretar lo que recibo, seguramente me lo estoy inventando.
Quiero proponerte otra posibilidad.
Puede que tu canal no esté fallando. Puede que le hayas hecho una pregunta tan enorme que la respuesta no sepa por dónde aterrizar.
El problema no es la profundidad. Es el tamaño
Imagina que alguien se sienta a practicar y pregunta:
«¿Qué debo hacer con mi vida?»
Parece una pregunta profunda. Y lo es. Pero dentro de ella caben el trabajo, las relaciones, la familia, el dinero, el propósito, el lugar donde vives, lo que deseas, lo que temes, lo que llevas años sin cerrar… y unas cuantas cosas más que ni siquiera sabes que están ahí.
Es como abrir el mapa del móvil y escribir: «llévame a un sitio que me convenga».
¿A dónde exactamente? ¿A descansar? ¿A empezar de nuevo? ¿A comprar el pan?
Cuando la pregunta es así de grande, cualquier respuesta puede parecer correcta y, al mismo tiempo, no darte ninguna claridad.
Aparece una puerta. Después, presión en el pecho. Luego, la cara de una persona. Y al terminar empieza el festival de interpretaciones: ¿la puerta significa que tengo que dejar mi trabajo? ¿La presión es una advertencia? ¿Esa persona tiene algo que ver con mi propósito, o es que me acordé de ella esta mañana?
Y aquí está lo importante:
Puede que no hayas recibido mal. Puede que la información esté respondiendo a distintas partes de una pregunta que era demasiado grande.
Tres respuestas correctas a tres preguntas que hiciste sin darte cuenta de que las estabas haciendo a la vez.
Por qué una pregunta vaga produce ruido
Cuando percibes, no recibes solo "la respuesta".
Recibes lo que llega a través de tu sensibilidad, tu cuerpo, tu memoria, tu emoción del día, lo que hay en el campo y también la guía. Todo eso llega mezclado.
Lo que hace una pregunta bien formulada no es controlar lo que llega. Es darte un criterio para reconocer qué pertenece a esa consulta y qué no.
Una pregunta clara es como encender una luz en una habitación concreta. No apaga el resto de la casa, pero ya sabes dónde estás mirando.
Y si nunca enciendes esa luz, la conclusión suele ser injusta: «no sé canalizar». Cuando lo que ocurrió, en realidad, es que no delimitaste qué necesitabas comprender.
Eso no es un fallo de tu canal. Es un fallo de encuadre. Y el encuadre se aprende.
Los tres tipos de pregunta
La pregunta difusa. «¿Qué debo hacer con mi vida?». «¿Qué me quiere decir el universo?». «¿Por qué me pasa esto?». Son enormes y no tienen bordes.
La pregunta cerrada, de sí o no. «¿Debo dejar esta relación?». «¿Tengo que cambiar de trabajo?». Parece más concreta, y en cierto modo lo es. Pero tiene otro problema, más delicado: en una pregunta de sí o no, muchas veces estás pidiendo que la canalización decida por ti.
Y la guía no viene a sustituir tu capacidad de decidir. Puede mostrarte. Puede ampliar tu mirada. Puede enseñarte una raíz que no habías visto. Pero elegir, y sostener lo que eliges, sigue siendo tuyo.
La pregunta abierta, pero acotada. Ni gigante ni de sí o no.
«¿Qué necesito comprender sobre esta situación antes de tomar una decisión?»
Esa pregunta no entrega tu poder. Lo ordena.
El Encuadre de la Pregunta: objeto, momento y función
Una pregunta clara tiene tres bordes. Si le falta alguno, la escucha se desdibuja.
1. Objeto · ¿Sobre qué situación concreta preguntas?
No «mi vida». No «mi futuro». No «mi propósito» como gran respuesta definitiva del universo.
Una situación. Una sola. Esta relación. Este proyecto. Esta decisión. Esta conversación. Este bloqueo. Esta etapa profesional.
En lugar de «¿qué hago con mi vida?», prueba con «¿qué necesito comprender sobre mi situación profesional actual?». Ya has reducido la habitación.
2. Momento · ¿Qué necesitas comprender ahora?
Una buena pregunta suele incluir el presente. No porque el futuro no pueda aparecer, sino porque toda información necesita un lugar desde el que ser comprendida.
Añade «ahora», «en esta etapa», «antes de tomar esta decisión».
«¿Cuál es mi propósito?» busca una respuesta definitiva, y suele producir silencio o grandilocuencia. «¿Qué capacidad necesita más espacio en mi vida en esta etapa?» permite reconocer un movimiento real, hoy.
3. Función · ¿Para qué quieres esa información?
¿Quieres comprender? ¿Ver algo que no estás viendo? ¿Reconocer una raíz? ¿Prepararte para una conversación? ¿Saber qué puedes atender tú?
Eso es muy distinto de decir: «dime qué tengo que hacer».
Objeto: sobre qué. Momento: ahora. Función: para qué.
Tabla: antes y después
Guarda esta tabla. Es la parte del artículo que más te va a servir cuando estés a punto de sentarte a practicar.
Pregunta difusa
Pregunta encuadrada
¿Qué debo hacer con mi vida?
¿Qué necesito comprender ahora sobre mi siguiente paso profesional?
¿Qué hago con esta relación?
¿Qué necesito comprender ahora sobre la dinámica que se está repitiendo en esta relación?
¿Debo dejar mi trabajo?
¿Qué aspecto necesito valorar antes de decidir si cierro esta etapa profesional?
¿Cuál es mi propósito?
¿Qué capacidad o dirección necesita más espacio en mi vida en esta etapa?
¿Por qué siempre me pasa lo mismo?
¿Qué patrón se está repitiendo aquí y qué necesita de mi atención ahora?
¿Va a salir bien?
¿Qué necesito atender para avanzar de forma más coherente con esta decisión?
¿Qué va a hacer esta persona?
¿Qué necesito comprender sobre mi vínculo con esta persona y sobre mi lugar en esta situación?
Fíjate en algo: en ninguna de las preguntas de la derecha estamos evitando la decisión. Estamos preparando una decisión más consciente.
10 preguntas que puedes hacerle a tu guía
Estas preguntas ya están encuadradas. Puedes copiarlas tal cual y adaptarlas a tu situación.
Relación y vínculos
¿Qué necesito comprender ahora sobre la dinámica que se está repitiendo en esta relación?
¿Qué parte de mí necesita ser escuchada antes de tomar una decisión sobre este vínculo?
Trabajo y proyectos
¿Qué me está mostrando el malestar que siento actualmente en mi trabajo?
¿Qué riesgo y qué oportunidad necesito reconocer antes de avanzar con este proyecto?
Propósito y dirección
¿Qué capacidad necesita más espacio en mi vida durante esta etapa?
¿Qué experiencia actual me está mostrando una dirección que todavía no estoy reconociendo?
Patrones y bloqueos
¿Qué patrón se está repitiendo en esta situación y qué necesita de mi atención ahora?
¿Qué respuesta estoy repitiendo yo, y qué podría empezar a hacer de otra manera?
Decisiones y otras personas
¿Qué aspecto necesito valorar antes de tomar esta decisión?
¿Qué necesito comprender sobre mi vínculo con esta persona y sobre mi lugar en esta situación?
No intentes responderlas todas. Elige la que esté más viva para ti.
Seis errores frecuentes al preguntar
1. Preguntar desde la urgencia.
Aquí levanto la mano, porque este ha sido el mío. No tanto la urgencia del miedo, sino la urgencia de comprender. Yo quería entenderlo ya, ahora, y ordenado a poder ser. Y cuando la comprensión no llegaba en ese momento, me frustraba. Y la frustración es un ruido malísimo para escuchar.
Con el tiempo entendí que estaba confundiendo dos cosas muy distintas: no recibir y no recibir todavía.
2. Repetir la misma pregunta hasta que te guste la respuesta.
Preguntas. No te convence. Cambias dos palabras. Preguntas otra vez. Y a la quinta versión tienes cinco respuestas distintas y el doble de confusión. Insistir no produce claridad: produce mezcla.
3. Mezclar tres preguntas en una.
«¿Qué pasa con mi trabajo, y por qué me siento así, y qué tiene que ver con mi madre?». Son tres consultas. Sepáralas.
4. Pedir permiso para una decisión ya tomada.
En el fondo ya sabes lo que vas a hacer, pero quieres que la canalización lo firme. Ahí no estás escuchando: estás buscando un aval. Es más honesto preguntar: «¿qué necesito asumir sobre la decisión que ya deseo tomar?».
5. Preguntar por todo el futuro en lugar de por el presente.
El futuro no es un archivo cerrado que alguien te puede leer. Se está construyendo con lo que haces ahora.
6. Confundir profunda con enorme.
«¿Qué debo hacer con mi vida?» es enorme. «¿Qué estoy evitando mirar en esta decisión?» es profunda.
Lo que una pregunta clara no hace
Quiero dejar tres cosas claras, porque si no, esto se convierte en una fórmula mágica y no lo es.
Una pregunta bien formulada no garantiza una respuesta inmediata. Ni literal, ni en palabras. Puede llegar como una sensación en el cuerpo, una imagen, un recuerdo, una conversación tres días después, una sincronía, o algo que se va ordenando poco a poco.
A mí me pasaba precisamente eso. Yo hacía la pregunta bien y luego quería la respuesta ya: en ese momento, cerrada, entera. Y cuando no llegaba de golpe, dudaba. Lo que estaba ocurriendo en realidad es que la respuesta bajaba por partes, y todo se iba encaminando hacia la misma pregunta que yo había hecho. Pero yo no lo veía, porque estaba esperando un telegrama y me estaban enviando un mapa.
La pregunta no controla el canal. Lo orienta. Crea un marco y te ayuda a reconocer qué pertenece a la consulta y qué se ha colado.
La respuesta puede ser silencio. Y el silencio también forma parte de la respuesta. Quizá no es el momento. Quizá necesitas vivir algo antes de comprenderlo. El silencio no significa que no sepas canalizar.
Y una última cosa, dicha con toda la seriedad: una práctica espiritual no sustituye tu criterio, ni la atención médica, psicológica o profesional cuando hace falta. La guía puede ampliar tu mirada. La decisión y la responsabilidad siguen siendo tuyas.
Una práctica breve para hoy
Piensa en una pregunta que tengas pendiente. Algo vivo estos días, no la gran cuestión de tu existencia.
Escríbela tal como te sale. Sin corregirla.
Revísala con los tres bordes: objeto (¿qué situación concreta?), momento (¿ahora, o los próximos diez años de una sentada?), función (¿quiero comprender, o pido que decidan por mí?).
Reformúlala.
Compara las dos versiones. No las palabras: el espacio interno desde el que escuchas cada una.
Y hazte la pregunta más importante de todas:
¿Estoy preguntando para comprender, o estoy pidiendo que mi guía decida por mí?
El vídeo completo
En el vídeo de esta semana desarrollo el Encuadre de la Pregunta paso a paso, con más ejemplos y una práctica guiada con pausas reales para que la hagas conmigo.
También está disponible en formato podcast.🎧Si te apetece acompañar este contenido mientras caminas, conduces o descansas, también está disponible en formato Podcast, canal: Laspleyades.es👇🏻
Encuadrar la pregunta es el primer movimiento. Pero para escuchar con claridad ayuda mucho saber por dónde recibes tú: si te llega por imágenes, por el cuerpo, por palabras, por certeza interna… o por una vía que quizá ni habías considerado.
Puede que lleves años canalizando sin saberlo.
He preparado una clase gratuita para que lo reconozcas, con una práctica sencilla y un cuaderno para acompañarla.
El movimiento del universo es una guía al conocimiento de nuestro mundo interior. La energía que vibramos en la escala de nuestras emociones y pensamientos, es nuestro GPS de atracción indicativo para hallar el camino a nuestra esencia o propósito interno. Los pensamientos amables o amorosos "belleza o gentileza" tienen una carga eléctrica baja y suave que es expansiva y fluida. Los pensamientos pesados vienen altamente cargados y envueltos de emociones magnéticas, donde atraemos las dificultades para despejar aquello que "no somos". Cualquier limitación, juicio, negación, culpa, remordimiento o resentimiento se vuelve una pesa en un globo aerostático sin poder elevarnos. El juego de nuestro crecimiento, es traspasar los limites de nuestros puntos "oscuros" miedos como la oportunidad de transformarnos, liberando esos viejos patrones densos y saber quienes somos atrayendo la fluidez de energía positiva.