La Palabra de Dios

Hay palabras vacías… y otras que están llenas de vida y experiencias, que se expresan con consciencia e integración. Estas palabras valen su peso en oro porque son las que encajan en el espacio del corazón. Son presencia, son viajeras… son las que unen el Cielo y la Tierra, en un sólo latido de manifestación.
Las podríamos llamar mágicas, pero en realidad son las verdaderas y sinceras que se unen para una nueva creación.
Van más allá de la fantasía, vienen de la dimensión del amor, conectan con el campo del padre madre creador. Son chispa, son luz divina, están vivas y crean vida… impulsan, regeneran, son longevas.
Han viajado y experimentado, ¡tanto! que llegan a ser sabias porque habitan en la legítima sabiduría de Dios. Ellas son esta vibración, esta frecuencia elevada que todo lo abarca y lo saben… saben de su poder, son soberanas del mismo creador.
Son palabras genuinas porque se expresan desde lo auténtico. Habitan su libertad de ser escuchadas o silenciadas porque saben qué son: unidad de consciencia ilimitada. En el silencio, son pura presencia y ahí son juguetonas porque son conscientes que están creando espacio y tiempo en el flujo del corazón. Desde ahí son fuente, riegan la vida y su vitalidad para la existencia, gozan por existir.
Ellas aman ser escuchadas porque expanden su amor por dos. Hay quienes las sienten y se convierten en ellas, canalizadas a viva voz, escritas o dichas, son dichosas de sí mismas. Sencillamente son.
Tienen su efecto, al leerlas o escucharlas, causan emoción en lo interno, y ellas lo saben que son creadoras de dicha implosión.
¡Expandiendo de nuevo el juego infinito de la creación!
Son Palabras de Dios.
Escrito con amor,
Rebeca Ferruz 🩵
Gracias, gracias, gracias...










