Hay recuerdos que no encajan en tu biografía. Un paisaje que tu cuerpo reconoce sin haberlo pisado, una persona que te resulta familiar desde el primer instante, un aroma que te abre una escena que no sabes situar.
Cuando algo así ocurre, solemos ir hacia uno de dos extremos: lo descartamos como imaginación o nos perdemos intentando averiguar quién fuimos. En este episodio te propongo otro camino: preguntarte qué relación tiene ese recuerdo con lo que estás viviendo hoy.
Puedes verlo en vídeo o escucharlo en el podcast Laspleyades.es.
Recordar viene del latín recordari, que contiene la palabra cor: corazón. En su raíz, recordar no es consultar un archivo, sino que algo vuelva a atravesar el corazón.
Por eso, para mí, una memoria no pertenece solo al pasado. Cuando aparece, está ocurriendo ahora y tiene algo que decir sobre este momento. Da igual que venga de tu infancia, de tu linaje, de otra vida o de otra línea del tiempo.
Los recuerdos no surgen de la nada. En mi experiencia, siempre hay algo en el presente que los despierta: un sitio, un gesto, el encuentro con alguien, una emoción que no corresponde a lo que está pasando, un olor o un sonido.
A veces la memoria se abre en ese mismo instante. Otras veces aparece días después, en un sueño, en una regresión o canalizando. Identificar qué la ha activado es el primer paso para entenderla.
El detonante te dice por dónde ha entrado el recuerdo. El vínculo te dice para qué ha venido.
Lo que llega suele reflejar algo de tu vida actual, a veces de forma muy directa y a veces a través de un símbolo. Un miedo antiguo puede aparecer justo cuando necesitas dar un paso parecido. Una escena de pérdida puede asomar cuando estás atravesando un cierre. Cuando reconoces esa conexión, el recuerdo deja de ser una curiosidad y se convierte en comprensión útil de transformación.
Y si todavía no ves la relación, no hace falta forzarla. Puedes dejarlo abierto: muchas veces se aclara con el tiempo.
Reserva un cuaderno para estas memorias. Cada vez que aparezca una, responde:
Si ocurre durante un viaje: ¿esta memoria es mía o del lugar? ¿Y qué de ella resuena conmigo?
Con el tiempo verás que las anotaciones empiezan a relacionarse entre sí y dibujan tu propio mapa.
Para las memorias que llegan cargadas de dolor, miedo o rabia, etc.
Cierra los ojos y lleva la atención a tu corazón, a su latido. Siente a quien vivió aquella experiencia, ya seas tú en otro tiempo, alguien de tu linaje o ese lugar. Desde tu corazón presente, acógelo con todo tu amor y con la comprensión que hoy tienes. No se trata de cambiar lo ocurrido, sino de mirarlo con otros ojos y abrazarlo. Respira y deja que el peso se vaya soltando. Y siente como esa energía transformada viene de vuelta a ti, a tus raices iluminadas junto a Gaia.
Ve con suavidad. Si una memoria te desborda o te remueve mucho, para y busca apoyo, también profesional si lo necesitas.
Las memorias no llegan igual a todo el mundo. A unas personas les llegan en sueños, a otras por el cuerpo, por imágenes o por una certeza repentina. Conocer tu forma natural de recibir te ayuda a reconocerlas cuando aparecen.
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Lo que comparto aquí nace de mi experiencia y mi comprensión actual. No sustituye acompañamiento médico ni psicológico.
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Con cariño,
Rebeca Ferruz | Laspleyades.es
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